sábado, 23 de noviembre de 2013

     Marie y Pierre Curie
     Recomendamos la biografía de estos científicos, unipuntuales en la realización de su plan divino para esa encarnación, y que en sus actos y palabras refrendan lo dicho por el Amado Mahá Chohán: no importa quién haga de canal de la voluntad de Dios, lo importante es que esa Voluntad se realice.
   “Pierre era, por naturaleza, una persona indiferente a las medallas y a los honores., que consideraba como niñerías. Con tal que el trabajo estuviera hecho, no había ninguna diferencia en que se hubiese producido gracias a él o a otro cualquiera.” Gloria Sarro  
“En lo que respecta a la ciencia, debemos interesarnos por las resultados, no por las personas” Marie Curie   
“Pero los físicos siempre dan a conocer sus investigaciones íntegras. Nuestro descubrimiento tiene valor comercial por pura casualidad y no debemos aprovecharnos de ello. No. Sería contrario al espíritu científico” Pierre Curie
    El mismo Ser que actualmente ejerce para la Tierra el cargo de Espíritu Santo, es ejemplo vivo de este modo de pensar y actuar que es el que caracteriza a los miembros de la Gran Hermandad Blanca: no ha proporcionado Su Nombre, y lo conocemos por Su Cargo: Mahá Chohán (Gran Director, pues dirige el Reino de la Naturaleza, el reino elemental y a los siete Chohanes de los siete Rayos) En Su retiro de Ceilán sirven hermanos que desconocen la verdadera identidad de este dulce, gentil y humilde Señor del Amor.



   Durante sus años de vida estudiantil, Marie pasó sus mejores horas en una buhardilla de un sexto piso. Ahora vivirá momentos de mayor intensidad y emoción en un cobertizo semiderruido. El cobertizo no puede ser más incómodo de lo que es. Si llueve, las gotas de agua caen sobre la mesa donde ambos trabajan.
    Al cabo de un año, Pierre y Marie deciden repartir sus esfuerzos. Al dividirlos, Marie escoge las tareas de un obrero. Trabaja en el patio rodeada de polvo y humo, y a veces se pasa el día entero removiendo una espesa masa de mineral con un barra de hierro que pesa tanto como ella misma.
                 Los dos científicos pasan todo este tiempo sumergidos en una especie de sueño. Apenas ven a nadie. A veces abandonan sus aparatos para tomar juntos una taza de té o café. Entonces dejan en libertad su imaginación y hablan de un modo infantil de su “querido radio”.
    “Me pregunto - dice Marie en una ocasión - cómo será o a qué se parecerá. Pierre, ¿qué forma crees tú que tendrá?”
       El gran físico sonríe, contempla a su esposa - su colaboradora, su compañera - y le responde con cariño:
     “No lo sé, pero me gustaría que tuviese un color bonito”
     Marie continúa dedicándose a tratar las toneladas de pechblenda que le envían de Austria. A lo largo de cuatro años, trabaja, planea, y va acercándose al fin de sus experimentos. Necesitaría una habitación mucho más limpia para su trabajo. Y aparatos protegidos contra el frío, el calor y la suciedad. En el viejo cobertizo, expuesto a los cuatro vientos, el polvillo del carbón y del hierro se deposita sobre los productos recién purificados, lo que le hace perder mucho tiempo y esfuerzos.
     Pierre está tan cansado que está decidido a abandonar por algún tiempo el trabajo, o bien realizar un último intento. Se irrita al darse cuenta del retraso que supone toda esa serie de pequeños accidentes que se producen todos los días.
     El carácter de Pierre no es tan tenaz como el de su esposa. Marie quiere obtener radio puro. Lo obtendrá, aunque esté cansada, aunque el agua se filtre en el cobertizo, aunque los aparatos se estropeen por las variaciones de temperatura.
     En 1902, la obstinada Marie logra preparar una pequeñísima cantidad de radio puro. El nuevo metal puede verse, puede pesarse. Marie da a conocer sus características físicas y su peso atómico: 225.
        Ahora los incrédulos químicos no pueden sino rendirse a la evidencia de los hechos e inclinar asombrados la cabeza ante la sobrehumana tenacidad de una mujer.
     Ahora el radio tiene existencia oficial.
   Un verdadero científico no tiene poder suficiente para luchar contra su trabajo, que supone su misma vida, Hasta en los omentos de mayor desesperación, una fuerza misteriosa impulsa a los Curie a marchar al cobertizo y manejar sus aparatos de laboratorio.
    Ahora uno se sorprende de las brillantes investigaciones que los dos esposos llevaron a cabo, durante estos durísimos años de su vida, hasta llegar a un feliz término. Entre 1899 y 1904 produjeron al menos once estudios sobre la radioactividad. En cada uno de ellos aparece una prueba del interés, tenacidad y genio de ambos.
     La nueva ciencia se desarrolla y empieza a despertar interés entre los científicos extranjeros. Los padres del radio se muestran muy generosos en sus explicaciones y consejos. Gracias a ellos, los investigadores de varios países comienzan a hacer experimentos, que arrojan luz sobre algunas cuestiones y descubren características nuevas.
      En 1900, dos científicos alemanes describen a Pierre ciertos efectos que puede causar el radio en el cuerpo humano. Con idea de comprobar la veracidad de tal aserto. Pierre, indiferente al peligro, pone una muestra de radio en contacto con su brazo desnudo. El resultado es una grave quemadura. Entonces el investigador la observa con atención, sigue su desarrollo y anota con minuciosidad sus efectos.
     La radiación emitida por el radio se propaga. Esta especie de contagio, que a menudo es responsable de las equivocaciones de los aparatos de precisión, es para Marie y Pierre un enemigo terrible. Mucho después de haber fallecido ambos, los cuadernos donde anotaban todos los datos y resultados de su trabajo conservaban esta radioactividad e impresionaban los aparatos cercanos a ellos.
     Dado que el descubrimiento de los Curie ha resultado de una utilidad inesperada, no transcurre mucho tiempo sin que ciertos países, en particular Bélgica y Estados Unidos, decidan interesarse por los secretos de su fabricación.
     Un día de 1903, Pierre recibe una carta de Estados Unidos. Después de haberla leído con suma atención, le dice a su esposa:
     “Marie, por favor, escúchame con atención. Hemos de hablar con calma de nuestro radio. La industria del radio se está extendiendo con rapidez, ya que están casi totalmente comprobados sus poderes de curación. Acabo de recibir una carta de unos americanos que desean producir radio y venderlo. Preguntan varios detalles acerca del método que se ha de seguir para su obtención.”
      Marie no encuentra en esto nada de particular. Distraída, pregunta a su marido:
“Bien, ¿y qué pasa?
    Pierre expone a su esposa la cuestión:
     “Bien, caben dos cosas a hacer. Podemos enviar a estos señores una descripción total del método de obtención del radio, y con ello los resultados de cuatro años de investigaciones, sin pedir nada a cambio; o bien podemos considerarnos como productores y propietarios del nuevo metal y, antes de hacer públicas nuestras investigaciones y de explicar cómo trabajamos para fabricarlo, asegurar nuestros derechos en todo el mundo, mediante una patente de nuestra técnica”
     Marie queda pensativa unos instantes. Es evidente que no se le había ocurrido esta posibilidad. Luego contesta:
     “Pero eso sería imposible. Es algo que va contra el espíritu científico.”
     El rostro serio de Pierre se ilumina. Sus ojos brillan de alegría. A pesar de que ha recibido la respuesta ansiada, insiste:
     “Yo pienso como tú, pero no quiero tomar con ligereza una decisión tan importante. Tenemos una hija, y podemos tener más niños. Para ellos y para nosotros, el descubrimiento del radio puede representar una fortuna. Sería la solución para una vida tranquila, y nuestros esfuerzos y nuestras luchas se habrían terminado”
   Y, con una sonrisa, menciona también aquello por lo que parece cruel renunciar a tal cantidad de dinero:
     “Podríamos tener un magnífico laboratorio…”
       Los graves ojos de Marie le miran con fijeza. Está considerando con calma la idea del beneficio económico que su descubrimiento les puede reportar. Por fin dice:
    “Pero los físicos siempre dan a conocer sus investigaciones íntegras. Nuestro descubrimiento tiene valor comercial por pura casualidad y no debemos aprovecharnos de ello. Además, el radio va a utilizarse para el tratamiento de las enfermedades. Me parece imposible sacar de él un beneficio.”
     El silencio que se hace a continuación es roto por la voz de Pierre, que repite las palabras dichas por su esposa unos minutos antes:
     “No. Sería contrario al espíritu científico”
      Y lanza un suspiro de alivio. A continuación, como si se tratase de algo sin importancia, añade:
    “Voy a escribir esta noche a los americanos y les daré todos los detalles que me piden”
     El 11 de diciembre de 1903 es el primer día de auténtica fama en la vida de Marie. El Premio Nobel le ha dado una categoría universal; es la primera, y de momento la única, científica famosa en todo el mundo. Ese mismo día escribe una carta a su hermano José de la que se trasluce que ese premio tiene para ella un único significado: setenta mil francos. Ahora tiene una magnífica ocasión para que Pierre quede libre de sus horas de clase y pueda cuidar de su salud como necesita. En cambio, la publicidad que la concesión del premio conlleva no produce a los esposos más que molestias y penas.
    En enero de 1904 los esposos reciben el dinero del premio. Pierre, en París, abandona su trabajo en la escuela donde le reemplaza uno de sus alumnos. Los Curie pueden, por fin, tomar un ayudante de laboratorio y pagarle un sueldo.
      No era solamente su ansia de investigar o su temor a la pérdida de tiempo lo que hacía de los Curie unos auténticos enemigos de la fama. Existían otras causas. Pierre era, por naturaleza, una persona indiferente a las medallas y a los honores., que consideraba como niñerías. Con tal que el trabajo estuviera hecho, no había ninguna diferencia en que se hubiese producido gracias a él o a otro cualquiera. Marie está demasiado sobrecargada de trabajo para poderse permitir perder un tiempo precioso. Madre, esposa, científica y profesora, no tiene tiempo para desempeñar, por añadidura, el papel de mujer famosa.
    Por estas razones los Curie llevan una vida cada vez más retraída. Se ocultan, se esconden en cuanto pueden. Pasan sus vacaciones en lugares donde son mínimas las probabilidades de ser descubiertos. Su aspecto se convierte en un inesperado aliado. Al ver a aquel hombre alto, vestido con descuido, y a una joven semejante a cualquier campesina, nadie podría imaginar que se halla ante los famosos científicos descubridores del radio a quienes se ha otorgado la distinción del Premio Nobel.
   Cuando Marie escucha de los periodistas preguntas que intentan penetrar en su intimidad, responde con tono seco con una frase que empleará muy a menudo:
    “En lo que respecta a la ciencia, debemos interesarnos por las resultados, no por las personas”
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      Marie habla de su propio fin con frecuencia. Le preocupan los efectos prácticos de su muerte y dice: “Me preocupa el destino del Instituto cuando yo ya no esté aquí.”
      Los gloriosos recuerdos de su vida pasada carecen de importancia cuando piensa en lo que todavía es capaz de hacer.
   En más de una ocasión ha sufrido las consecuencias del peligro que supone trabajar con el nuevo elemento. Tiene importantes quemaduras en las manos, y toda su salud se ha resentido.
         Una radiante mañana de julio de 1934, cuando los primeros rayos de sol se filtran por la ventana de su habitación, su noble corazón cesa de latir. El doctor Regnaud, director del pabellón de biología del Instituto del Radio, diagnosticó la probable causa de la muerte de Madame Curie:
      “Madame Curie puede ser contada entre las víctimas a largo plazo de los cuerpos radioactivos que ella y su marido han descubierto”
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          Hemos extraído estos fragmentos de la biografía de Madame Curie del delicioso libro cuya autora es Gloria Sarro, editado por Nueva Auriga - una excelente editorial especializada en ofrecer joyas de la literatura juvenil universal y biografías de gran calidad: también la de Helen Keller, entre otras.

1 comentario:

  1. Excelente información apropiada en nuestro tiempo que se ventilan tanto los derechos de propiedad intelectual y la fama. Gracias esposo Curie

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